Era esa sombra sin color,
con ropas oscuras y sin gafas.
Armado de pulmones.
Un remiendo imposible al corazón!
Y me pedía, con su voz pagana,
una puerta abierta camino al abismo,
ese camino que tanto transité!
Por eso, suturándome labios y ganas
callé,
entre sus cabellos, callé!
Si fuera una historia de verdad
habría de escribirle treinta y ocho poemas
y unos más;
Si no fuera un amor de antojo
un escapista de la luna,
mi libro no sería un retrato de él.

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